Nuria Riaza “El dolor puede enseñarnos mucho sobre nosotros mismos y nos hace más fuerte”

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Nuria Riaza es la artista elegida por “Impars” para realizar la postal de Navidad de 2020 de UIC Barcelona. Para la obra, que lleva por título “De herencias y tradiciones”, la artista se ha basado en sus recuerdos infantiles, en la Navidad en el pueblo de sus padres con toda la familia unida. El resultado es un dibujo de la Sagrada Familia realizado con bolígrafo BIC al que se han incorporado elementos de color mediante el bordado de las flores y los ornamentos de la escena central, compuesta a modo de estampita antigua. Conversamos con ella para repasar su trayectoria artística.
A Nuria Riaza (30) la irrupción de la pandemia la cogió en medio de la producción de su última exposición, una muestra albergada en la galería valenciana Plastic Murs que planteaba una reflexión en torno al dolor partiendo de su experiencia personal como paciente de migraña con aura. Fueron meses difíciles, admite, en los que asumió su trabajo como vía de escape a todo lo que estaba sucediendo —sus padres son trabajadores sanitarios y su abuela tuvo que ser hospitalizada—. Echando la vista atrás, reconoce que aquellos meses le han permitido escucharse mejor y han revolucionado su manera de trabajar. El dolor, la memoria histórica y el papel de la mujer en el pasado cruzan la obra de esta joven artista, que convirtió el dibujo con bolígrafo BIC en su seña de identidad y que, ahora, ha evolucionado hacia la experimentación con otros medios como el bordado o la cerámica. Artista de vocación temprana —dibuja desde que tiene uso de razón y, de pequeña, prefería los museos a los parques de atracciones— sostiene que la digitalización está contribuyendo a hacer la cultura más cercana y accesible.

Entrevista

Texto: Marcos Doespiritusanto

Acabas de realizar la exposición “Douleurs, Migraines et Sonates” y has diseñado el cartel oficial de la 79.ª edición de la Feria del Libro de Madrid. ¿Cómo ha influido el contexto de la pandemia en tu trabajo durante los últimos meses?

Desde muy niña me entretenía haciendo manualidades. Confeccionaba la ropa de las muñecas, les hacía cestitas con huevos de barro, pintaba camisetas… Toda mi vida he estado haciendo algo relacionado con las artes plásticas.

La producción de “Douleurs, Migraines et Sonates” coincidió casi en su totalidad con el período de cuarentena. Personalmente, ha sido muy curioso lo mucho que noto el cambio entre las obras prepandemia y las que hice de marzo a mayo. Fueron unos meses muy duros, hospitalizaron a mi abuela, mi madre trabajaba en el hospital de campaña de IFEMA, mi padre en un hospital de la sierra de Guadarrama y yo estaba a casi 400 km de mi familia. Acabé agotada mentalmente y tenía una exposición que sacar adelante. Me tomé la producción como una vía de escape y el resultado fue muy diferente a todo lo que había hecho hasta entonces. 

“Douleurs, Migraines y Sonates” busca sacar de la esfera personal una dolencia como la migraña, que afecta al 15 % de la población mundial, y plantea una reflexión en abierto sobre el concepto del dolor.  ¿Por qué crees que la sociedad actual convierte en tabú el dolor y la enfermedad?

Se nos inculca que una persona que sufre es una persona débil, que el dolor nos muestra vulnerables, que es una tara. Olvidamos que el dolor —tanto físico como emocional— puede enseñarnos mucho sobre nosotros mismos, sobre cómo funciona nuestro cuerpo. Y nos hace más fuertes.

La muestra consta de una instalación compuesta por cerámicas y dibujos que combinan el uso —característico en tu obra— del bolígrafo BIC y el bordado con el acrílico y el grafito. ¿Qué valor aporta cada una de estas técnicas a tu universo creativo?

El bolígrafo azul acabó siendo una de las características diferenciadoras en mi obra, es una herramienta lenta pero muy agradecida. Me ha llevado varios años darme cuenta de que la técnica no me debía limitar y he acabado usando todos los recursos que me gustan si van a aportar algo más a la obra.

Por poner un ejemplo, el aura que acompaña a la migraña hace que aparezcan en el campo de visión manchas de colores vibrantes. No podía hacer una exposición sobre la migraña sin añadir esos colores característicos. También hice piezas de gres cerámico y dibujé objetos del mismo material para incidir en el concepto de fragilidad.

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¿Recuerdas de qué manera surgió tu vocación artística y qué te llevó a estudiar Bellas Artes?

Dibujo desde que tengo memoria, así que la vocación siempre estuvo ahí.

Desde muy pequeña recuerdo a mi padre pintando cuando tenía algún rato libre, para mí era algo natural. Fui a clases de dibujo desde los seis años, cuando íbamos de viaje prefería visitar museos a parques de atracciones y, si me preguntaban que qué quería ser de mayor, respondía que quería estudiar Bellas Artes. Les debo mucho, a mis padres, y a mi entorno en este aspecto.

En 2019, inauguraste la exposición “La memoria de las piedras” en la galería Pepita Lumier, de Valencia; una muestra que, en tus palabras, habla de las fosas comunes, de los desaparecidos durante el período de la Guerra Civil Española y la dictadura. ¿Qué te movió a realizar este trabajo en un momento en el que, además, la memoria democrática vuelve a estar en el foco del debate político?

Llevaba tiempo queriendo sacar adelante este proyecto. El auge de los partidos políticos de ultraderecha me hizo pararme a pensar qué estábamos haciendo mal y di el paso.  

Partí de una situación familiar: mi bisabuelo Andrés fue uno de tantos desaparecidos y enterrados en una fosa común durante la Guerra Civil Española y mi bisabuela tuvo que salir adelante luchando a su manera para que sus dos hijos no muriesen de hambre.

Al hablar del tema a lo largo de estos años me encontré con que la mayoría tenemos algún familiar en las mismas condiciones. También con que, a pesar de ser historia reciente, había mucho desconocimiento entre las nuevas generaciones. Intentamos enterrar el tema tan hondo como los huesos de los cientos de miles de desaparecidos, y haciéndolo tabú, lo único que ganamos es que se olvide y se pueda volver a repetir. 

Un año antes, ilustraste algunos personajes del primer acto de Así que pasen cinco años, obra de teatro escrita por Federico García Lorca en el año 1931 y que acabaría siendo una dramática premonición de su asesinato en 1936. ¿En qué consistió este proyecto?

Forma parte de la misma exposición de “La memoria de las piedras”, que incluye obras producidas desde finales de 2017 hasta principios de 2019. Federico García Lorca es uno de los primeros nombres que vienen a la cabeza cuando hablamos de asesinados por el franquismo y estimé que tenía que aparecer en la exposición sí o sí.  

Elegí esa obra teatral en concreto porque, a pesar de no ser muy conocida, es hipnótica y resulta muy curioso el carácter premonitorio que tiene. Es toda una leyenda negra.  Así que pasen cinco años (Leyenda del tiempo) fue escrita en agosto de 1931, cinco años después, en agosto de 1936, Federico fue fusilado.

Además, tengo un lazo casi místico con ella. Ha ido apareciendo en mi vida de una manera u otra desde que a los dieciséis años una profesora de Lengua y Literatura me habló de ella. En un futuro cercano me gustaría ilustrarla al completo como proyecto personal, sería como cerrar el círculo.

El papel de la mujer en el pasado y la indagación en tus propias raíces y herencias genéticas son otros dos vectores de tu trabajo. ¿De dónde surge este interés?

Surge de manera natural. Siempre fui muy curiosa, pienso en el pasado como la base para entender el presente. Al final lo que hago hoy es fruto de lo que me rodea y de lo que conozco. Por eso, mis mayores referentes han acabado siendo los más cercanos: mis abuelas, mi madre y las mujeres de la familia.

Siempre he tenido la sensación de que la historia se cuenta desde un punto de vista masculino que elude y menosprecia la figura de la mujer. Mediante el dibujo puedo hacer que el público reflexione sobre ello y genere una opinión.   

El diseño del disco Salvavidas de hielo, de Jorge Drexler, en el año 2017 supuso un punto de inflexión en tu carrera. ¿Cuál es el camino recorrido para empezar a recibir encargos de este tipo? ¿Es más una cuestión de esfuerzo o de suerte? 

En mi experiencia, lo que mejor funciona es dibujar mucho, ser constante cada día, tener un buen portfolio e ir enfocando tu trabajo. Ser activo en redes sociales y tener una web actualizada hace que te lleguen trabajos desde cualquier parte del mundo. Por otro lado, asistir a ferias de ilustración como Ilustrísima o de autoedición como el Graf o Tenderete me acercaron mucho al mundo editorial y a darme cuenta de cuál era mi tipo de público. 

No voy a negar que el factor suerte existe, algunos de mis proyectos han surgido por estar en el lugar y en el momento adecuados. Salvavidas de hielo fue uno de ellos. Jorge Drexler se topó con un dibujo mío cuándo buscaba retratos a bolígrafo por Internet. Pero he de decir, que, si no hubiese hecho esos retratos años antes, nunca hubiera contactado conmigo.

Como ilustradora, has trabajado para marcas como Diesel, Oysho o Calzedonia y publicaciones como El País Semanal, Cinemanía o Glamour. ¿De qué manera conviven este tipo de encargos con tus trabajos expositivos o proyectos individuales?

Hay meses en los que lo llevo mejor y otros en los que directamente no conviven. Para mí es tan importante trabajar para mí misma como para un cliente, todo está al mismo nivel. Hasta ahora me he organizado de modo que intento juntar todos los encargos en unos meses y el resto del año lo dedico a trabajo personal y a producción artística. Siempre acaba apareciendo algún proyecto interesante que rompe mi “plan ideal”, pero se agradece. Encuentro un equilibrio entre proyectos personales como artista y trabajos para clientes como ilustradora. 

¿Cómo ves la realidad de las y los artistas que, como tú, están iniciando su carrera profesional y de qué manera crees que el sector cultural saldrá de esta nueva crisis?

La situación ya era difícil antes y en España no cuidamos mucho la cultura. A pesar de todo, la pandemia nos ha llevado a una digitalización cultural. Si no podemos ir a conciertos físicamente, compramos las entradas y disfrutamos en streaming desde la pantalla del ordenador.  Esto está democratizando poco a poco la percepción que tenemos de la cultura. La está haciendo más accesible y cercana. Personalmente he experimentado un aumento de particulares que quieren encargar o adquirir obra original en pequeño formato, más asequible, pero igual de válido. La verdad es que es esperanzador, a pesar del contexto, están surgiendo nuevos coleccionistas casi sin saberlo.

¿En qué has basado tu propuesta para la postal de Navidad de UIC Barcelona y qué supone para ti trabajar para una universidad?

Me ha parecido un encargo muy interesante, todo un reto.  Me ha hecho reflexionar sobre cómo va cambiando nuestra percepción de la Navidad desde la infancia hasta la edad adulta. Sobre cómo, a pesar de todo, volvemos a recuperar las viejas costumbres y la ilusión de celebrar. 

Para la propuesta me basé en recuerdos infantiles, en las Navidades en el pueblo de mis padres con toda la familia unida. En esos rituales que pasan de generación en generación, como poner el belén y el árbol de Navidad.  Por eso, la obra se llama “De herencias y tradiciones”.  

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Si tuvieses que definirte a ti misma como artista, ¿qué cinco palabras utilizarías?

Sensible, paciente, analógica, clarividente y perseverante (por no decir cabezota).